viernes, 24 de febrero de 2012

2. De la ayuda al prójimo

No soy de las personas que da limosna, o que da dinero cuando se acercan a limpiarte el parabrisas. Siempre he creído que eso no es ayudar a la gente, ni mucho menos pagar por un bien o servicio. Trato de que mi ayuda sea más significativa que eso.

Ayudo a mis amigos. ¿A qué? Bueno, pues a sobrellevar sus problemas. Desde siempre he entendido cómo trabaja la forma de pensar de la gente, y de ahí trato de llevarlos hacia el buen camino (aunque yo no predique con el ejemplo). Sin embargo puede ser demasiado desgastane, hay gente que no quiere ser ayudada y mucho menos molestada. Aunque siendo sinceros, hay problemas que no se entienden si no se viven.

Éste es el caso, en el que un ser querido vive una situación que yo he vivido a la mitad, porque la otra mitad es algo que nunca me gustaría vivir. Una enfermedad que disminuye tu calidad de vida, incurable... no sé qué se siente, pero si de lo otro se trata, la estoy ayudando.

Debo dejar de hacer eso y canalizar mi energía en otras cosas, lo sé. Pero es alguien que quiero, y que pronto veré de huevos... luego les cuento qué sigue.

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